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domingo, 14 de octubre de 2012

Discursos sobre la Independencia de la Nueva España


Francisco Dionisio Vives, Capitán general de la Isla de Cuba, se dirigió el día 17 de junio de 1829 a los habitantes de la Nueva España en los siguientes términos: “Una larga y dolorosa experiencia ha debido convenceros de que los alucinados que so color de libertad e independencia, lograron reducir a los mas incautos de entre vosotros, no llevaron otro objeto que saciar la ambición que los dominaba y dar libre rienda a todo género de excesos, sin cuidare de la suerte lamentable que había de caber al desventurado país en que nacieron.”

La ruptura de las relaciones de la Nueva España con la Monarquía Hispana culminó con el efímero Imperio Mexicano (1821-1823) que prontamente fue substituido por la primera República Federal Mexicana. Ambas experiencias de gobierno son fundamentales para comprender cómo la naciente nación afrontó los problemas económicos, sociales y culturales derivados de la vida independiente.

En ese contexto el escrito de Francisco Dionisio Vives representa la incapacidad de reconocer el derecho fundamental de la libertad y autonomía. A los mexicanos, a quienes insiste en llamar novohispanos, intentó persuadir diciendo que “tan pronto sujetos al régimen de un imperio fantástico, como envueltos en la anarquía de lo que llamas república, jamás habéis visto otra cosa que disturbios, asonadas, persecuciones, ruina y miseria general”, poniendo en tono dramático y reflexivo la siguiente pregunta “¿Qué existe de aquel país pacífico, modelo de cristiandad, y digno imitador de la España europea, en la práctica de todas las virtudes?

Imitación, la Nueva España era eso, una imitación de sistemas que, por razones culturales y sociales, era insostenible dadas las particularidades históricas y culturales de la población. Ideas como las del Capitán general de la Isla de Cuba permanecieron a lo largo del siglo, Cuba misma padeció por mucho más tiempo la dominación española.

La resurrección política de la América, famosos grabado que celebra la independencia de la Nueva España, dice al pie “Qual cadáver la América yacía Inmóvil y sin vida se notaba; ni arco, ni flechas, ni carcax tenía y una dura cadena la enlazaba. Su águila hermosa parece que dormía y ninguna esperanza le quedaba: mas Yturbide le extendió su mano, y revivió el Imperio Mexicano”. Es una de las más conocidas referencias que identifica como mexicano al otrora territorio novohispano (desde el virreinato se solía usar “mexicano” para referirse a los habitantes de la Nueva España, en general a la población indígena), el camino a la construcción de la patria mexicana había iniciado. Es claro que el movimiento de independencia contravino a intereses, se vieron rotas las ambiciones de unos cuantos y se truncaron las empresas de otros, pero todo en busca de conquistar la libertad.

Los yucatecos del siglo XIX siempre exaltaron la libertad que los héroes de la independencia dejaron como legado, en un texto colectivo Gregorio Cantón, José Antonio Cisneros, Pilar Canto Zozaya y Ramón Aldana decían que “el recuerdo de los acontecimientos que se solemnizan en los días 16 y 27 de septiembre, no es un recuerdo pasajero; grabadas están en el corazón de los mejicanos la intención laudable y la constancia heroica de los primeros caudillos que rompieron las cadenas que nos ataban a los leones, para ponernos al abrigo de las águilas republicanas”.

La celebración de la libertad aún está presente en nuestros días y mención especial se merecen las corporaciones municipales que, en este año, dedicaron sus discursos a celebrar el derecho a la libertad, el derecho de las naciones a elegir sus sistemas de gobierno. Resultó una sorpresa agradable escuchar en el discurso de conmemoración del 16 de septiembre en el municipio de Yaxcabá conceptos como libertad de los pueblos, autodeterminación de las naciones e individuos, todos ellos en estrecha relación a los valores reales que la independencia forjo en el siglo XIX.

Ante esto debemos concluir que todos debemos contribuir al desarrollo de las libertades plenas del espíritu humano, principalmente en estos aciagos días que muchos connacionales nuestros viven.

viernes, 30 de marzo de 2012

La Constitución de Cádiz en Yucatán

Joed Amílcar Peña Alcocer en PorEsto!, jueves 29 de Marzo de 2012.



Al POR ESTO!
en su aniversario




Al momento de conseguir la Nueva España su independencia de la corona hispana se inició una serie de debates sobre la mejor forma de gobernar a la naciente nación. Las iniciativas políticas dieron como resultado que en el año de 1824 fuera promulgada la primera Constitución Mexicana. Este primer proyecto tenía como antecedente la Constitución de Cádiz, proyecto liberal español de 1812, que dejó una profunda herencia en la política mexicana. En el presente año, específicamente el pasado 19 de marzo, se conmemoró el Bicentenario de la promulgación de tan importante documento.

En el año de 1808, la invasión napoleónica a España causó la abdicación de Fernando VII, dejando acéfalo el gobierno monárquico. La crisis subsecuente afectó tanto a España como a sus territorios americanos. A raíz de esta situación la cultura jurídica española jugó un papel importante en las deliberaciones sobre el modo de gobierno que debía adoptarse a fin de mantener el orden. El 14 de febrero de 1810 por Real Orden se expidió convocatoria a las Cortes Extraordinarias que se reunirían en Cádiz con la finalidad de elaborar la constitución y para ello debía elegirse representantes de los territorios españoles, incluidos los americanos, que expusieran los puntos de interés de sus provincias y sus necesidades.

Poco menos de un año después de la convocatoria, el 3 de febrero de 1811, resultó electo Miguel González Lastiri para representar a Yucatán, junto a José Ignacio Beye Cisneros, José Eduardo de Cárdenas, José Cayetano de Foncerrada, José Miguel Gordoa y Barrios, Juan José Gureña y Garayo, José Miguel Guridi y Alcocer, Manuel María Moreno, Antonio Joaquín Pérez Martínez , Miguel Ramos Arizpe, José Simeón de Uría, Joaquín Maniau, Mariano Mendiola Velarde y Pedro Bautista Pino, quienes fueron elegidos para representar a la Nueva España.

La composición de las Cortes fue de muy variado carácter, ya que asistieron en representación de sus provincias, eclesiásticos, políticos y comerciantes. Esta misma situación explica en parte el porqué la Constitución limitó las percepciones económicas de la Iglesia y no planteó un rechazo a sus disposiciones.

Los trabajos propiciaron que el día 19 de marzo de 1812 fuera promulgada la Constitución de la Monarquía Española, hecho que resultó de gran importancia para los sucesos políticos, sociales y culturales que prontamente acaecerían en las posesiones ultramarinas de la Corona hispana. A su regreso a Yucatán, González Lastiri se hizo acompañar de ejemplares de la Constitución, la cual habría de ser proclamada y ejecutada en el mes de septiembre del mismo año.

Como sucede con cada nuevo proyecto, se levantaron voces a favor y en contra. Dichas voces, con el pasar de los años, se identificarían con los grupos liberales y conservadores, republicanos y monárquicos y en general con aquellos enfrentados por sus posiciones políticas, aunque debemos tomar siempre en consideración que esta división no es tajante, ya que las fronteras entre los unos y los otros solían diluirse en más de una ocasión.

Con el pasar de los años las opiniones sobre la Constitución serían variadas. Justo Sierra escribió que “la famosa Constitución Española vino a tiempo para agitar los inmensos combustibles arrojados a la hoguera y preparar así un incendio que es bien seguro no hubiera ella misma podido extinguir jamás, con los solos medios que dejaba”. La cita anterior es un claro signo de la polémica causada por los artículos de tan célebre carta.

En primera instancia la Constitución declaraba que “La Nación Española es la reunión de todos los españoles de todos los hemisferios”, dando paso con ello a una igualdad en importancia y representación a los territorios ultramarinos y a los peninsulares. Se declaraba también como libre y no perteneciente a ninguna familia, resultando de ello que “la soberanía reside esencialmente en la Nación”.

Este último artículo es por demás importante en el proceso de un nuevo pensamiento político. Todo lo anterior se sustentaba en la nación española conformada por “todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos”, la ciudadanía tenía en los indígenas un nuevo depositario. En Yucatán las poblaciones de origen maya podían ya disfrutar de los derechos inherentes a ser ciudadanos españoles, concepción diferente a la de súbditos. Las repúblicas de indígenas existentes en Yucatán desaparecieron.

La estructura político-administrativa se modificó mientras que el derecho de tener Ayuntamientos fue concedido a todas las poblaciones con más de mil habitantes. En Yucatán existían tres Ayuntamientos, el meridano, el campechano y el vallisoletano. A partir de la nueva disposición las poblaciones de Ixil, Yobaín, Sucilá, Chumayel, Kikil, Tihosuco, Halachó, Seybaplaya, Pencuyut, Pocboc, Ucú, Caucel, Telchaquillo, Cuzamá, Tixpéual y Chapab solicitaron la instalación de dichos órganos de gobierno.

Para 1814 los Ayuntamientos eran más de 150 y en muchos de ellos existían representantes indígenas que hicieron uso de sus nuevos privilegios ciudadanos, ya que siempre que cumplieran las disposiciones respecto a la ciudadanía podían ser votados. Se instauró la Diputación Provincial -la yucateca fue la primera en toda Nueva España-, la cual se encargó de la formación de los Ayuntamientos. Muchas poblaciones deseosas de instalar estos cuerpos presentaron censos de población poco confiables y que quedaron en evidencia al tiempo que la Diputación Provincial ordenó nuevos censos, resultando la negación a solicitudes e incluso la eliminación de Ayuntamientos.

A la luz de la Constitución el indígena tenía legislativamente la misma calidad española que los criollos y peninsulares, pero no fueron pocos los conflictos que acarreó esta situación. Al saberse ciudadanos e iguales a sus otrora superiores, los indígenas asumieron prontamente el nuevo papel protagónico que se les otorgó y, esto no siempre fue bien visto. Por ejemplo, en Uayma, Fray Pedro Guzmán señalaba que “con el motivo de la libertad que se ha dispensado a los naturales y abusar tanto de ella que se den ya de la raya no solamente de ciudadanos, sino de cristianos”. La educación al indígena fue primordial, ya que había que hacer de él un ciudadano según los parámetros hispanos, atacando así la tradicional propiedad comunal de las tierras con la pretensión de sustituirlas con la propiedad privada.

El día 9 de noviembre de 1812, por decreto, se exime al indígena de las obvenciones parroquiales, disminuyendo así las rentas eclesiásticas y suscitando una disputa por este motivo. Es evidente que las reformas traídas por la Constitución no fueron apreciadas por todos y en muchos casos las trabas a su aplicación fueron la tónica, dando lugar a que en 1814 fuese desconocida por Fernando VII. En el año de 1820 se instauraría por un breve periodo y de ahí en adelante se dejaría sentir de nuevo su influencia.

La herencia de la Constitución liberal fue en primera instancia la experiencia del Ayuntamiento. Estas disposiciones abonarían el camino al federalismo mexicano. En lo concerniente al indígena, principiaría el proceso de inclusión a un proyecto de unificación nacional que tendría a la educación como principal herramienta. La libertad de imprenta fue otro de los notables decretos de la Carta Magna de Cádiz, dando pasó a la publicación de periódicos de carácter político que libremente podían debatir sobre el acontecer diario de la provincia.

Es innegable que la Independencia de la Nueva España tiene una importante relación con la Constitución de Cádiz, mucho más si consideramos que el apoyo final que Agustín de Iturbide dio al proyecto independentista puede ser considerado también como un rechazo al liberalismo español. De una u otra forma la Carta Magna de 1812 dejó una marca indeleble en la historia.
 

jueves, 2 de septiembre de 2010

El Libro Escudriñado

Breve espacio para reseñar los libros con los que cuenta mi pequeña biblioteca personal. Particularmente esta reseña no me llena el ojo, no sé porque pero así es. Entrando al marco de las festividades del dichoso Bicentenario decidí reinaugurar mis reseñas con un texto sobre uno de los personajes más manoseados en los últimos meses…


José Luis. Casa de Hidalgo en San Felipe, Gto. La Francia Chiquita. La Región de San Felipe en los tiempos de Don Miguel Hidalgo. Guanajuato, Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato, 2003.






La historiografía sobre Miguel Hidalgo ha dado pasos considerables en la desmitificación del héroe y ha intentado mostrar a un Hidalgo que como la mayoría de las personas de su tiempo cedieron ante los impulsos de todo hombre.
El año 2003 fue al año de Hidalgo y bajo ese marco se desarrollo una de las más grandes obras de difusión de la figura del cura, así en la visita realizada a Guanajuato con motivo del Encuentro Regional de de Estudiantes de Historia pude encontrar ejemplares de las publicaciones conmemorativas. Una de las que más llamó mi atención por el solo titulo fue la que pretendo reseñar a continuación.
El titulo de la obra parece pretencioso y al parecer augura un trabajo realizado influenciado -al menos en el titulo- por uno de los grandes trabajos de la historiografía de los Annales franceses. De ahí no encontramos nada más que pudiera ser producto de la lectura de alguna obra de aquella corriente.
El texto nos ofrece una visión poco conocida de la actividad religiosa de Miguel Hidalgo y Costilla en San Felipe, lugar de gran importancia a finales del siglo XVIII y que es identificado como la parte más alejada de la Audiencia de la Nueva España. La importancia del lugar queda clarificada cuando el autor señala que los diezmos eran más abundantes que en Dolores y en San Miguel el Grande, dos comunidades que han sido historiadas desde hace años y de las que se posee relativamente mayor información. En tanto San Felipe y la estancia de Hidalgo ahí son menos conocidos.
La parte dedicada a la labor de Hidalgo como religioso en San Felipe podría ser la que esperaríamos mas documentada, pero no es así, el autor habla de la carencia de fuentes para la época debido a que muchas de ellas desaparecieron en incendios que registrados en los respectivos archivos. La escases de documentación se solventó por la localización en los archivos de otras parroquias de copias de algunos documentos de relativa importancia para el trabajo. Los documentos que en apariencia guían la indagación sobre la labor religiosa del cura son las listas de bautizos, que no son realmente un complemento al análisis, bien podrían incluso ser un simple anexo documental al final del texto. Lo interesante que plantea el apartado sobre la vida religiosa de Hidalgo es la Parente ausencia del cura de las actividades propias a su trabajo, incluso el autor afirma que el cura no realizo bautizos sin contar con la presencia de algún otro clérigo e incluso no oficio la eucaristía en San Felipe.
Otro de los objetivos que el trabajo plantea es mostrar una panorámica de la importancia de la presencia de Hidalgo en el desenvolvimiento económico de la población, postulando que las actividades del cura como maestro de oficios redundaron en un paulatino mejoramiento de las condiciones comerciales. Para justificar las afirmaciones el autor señala las principales actividades económicas realizadas en San Felipe y sus proximidades entre 1787-88, si bien la información es abundante nuevamente no es parte del análisis y mucho menos es prueba de las actividades de Hidalgo como parte fundamental de este desarrollo económico y social. La simple presentación de datos no ofrece más que una lista de haciendas y ranchos con sus respectivas actividades productivas.
En general el texto adolece de poco análisis de fuentes, poco manejo de fuentes de la época; en la mayoría de los casos el autor solo cita partes de documentos para contextualizar alguna situación. Creo que el error más grande que se comete y es evidente en la lectura del texto es la permanencia de la idea de Hidalgo como ideólogo de la independencia, así como se nota el respeto a la figura de Miguel Hidalgo con la anteposición del don al hablar de él a lo largo del texto. Aunque hay que reconocer que el contenido llega a presentar datos y pasajes importantes e interesantes de la vida de Hidalgo, como el dejar en evidencia la cantidad de problemas de carácter económico –mal uso de fondos y prestamos no saldados- del llamado “padre de la Patria”.
Lo más rescatable del texto es la aproximación que se intenta hacer a Hidalgo y su labor cuando era un personaje al que nadie le prestó mayor atención. Es importante aclarar que para el autor la importancia de estudiar la acción del cura en San Felipe se debe a que es ahí donde nacerán las ideas de “independencia”. De lo anterior el nombre de “la Francia chiquita”, porque sería la casa de hidalgo de donde saldrían las ideas revolucionarias nacidas del pensamiento ilustrado.



Siempre es bueno leer!!