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miércoles, 22 de mayo de 2013

Ideales pedagógicos, afanes sociales

Joed Amílcar Peña Alcocer en Unicornio, suplemento cultural y científico de PorEsto!, 21 de abril de 2013. [1]

Bejlae´ bajun ki´imak óolil
Yaan tak tu taamil k-puksi´ik´al
Tumen le senkech muy´yajo´,
Jach tu jaajil ts´o´ok u máan.

Le beetik wéetxiibile´ex
Tin wóotaj k´uchuj te´ela´.
¡tumen tin ts´íiboltaj k´aay
U ki´imak óolil bejlae´!

Ahora, cuánta felicitad
Hay hasta el fondo de nuestro corazón,
Porque tanto sufrimiento
De verdad ha acabado.

Por eso compañeros hombres
He querido llegar hasta aquí
¡porque deseé cantar
La felicidad de hoy!
 
                                 David Vivas Romero

La escritura es una de las conquistas más grandes en la historia humana, con ella se alcanzó la inmortalidad, no del cuerpo y sí de las ideas. Transmitir pensamientos, formular propuestas, dejar registro de los procesos humanos y hacer de la palabra acción son algunas de las formas primordiales del texto, de la grafía en la vida de la humanidad.

Algunos individuos en nuestra historia lograron, gracias a su pluma, ser de la colectividad, en otras palabras, patrimonio de todos. ¿Cómo es posible pasar de la unidad corporal a la multiplicidad patrimonial? La palabra es vehículo de ideas y, en los casos más excelsos, de esencias. Cuando somos capaces de transmitir con la escritura parte de nosotros hemos encontrado su función social, demostramos además compromiso pleno con el tema escrito.

Un texto da cuenta de la idea, un conjunto de ellos y del mismo autor nos muestra su cosmovisión, su talante intelectual; de varios autores un conjunto de textos sobre un tema nos da el panorama de una época, de una ciencia o disciplina.

Nos reunimos el día de hoy para celebrar el ingenio humano, primero del escribir y después el de buscar. El volumen Grandes pedagogos yucatecos[2] es un florilegio luminoso de intelectualidad, deberes e ideales educativos, originado en cinco mentes dedicadas a la educación de la juventud yucateca de principios del siglo XX. La misma publicación tiene la marca de un editor que no escatimó tiempo y dedicación para encontrar los textos que conforman el segundo volumen de Grandes pedagogos yucatecos.



Uno de los méritos del libro es reunir textos de difícil acceso, algo que seguramente muchos han señalado ya. Los artículos encierran un valor más profundo, que es a saber, brindar las huellas del pensar pedagógico de cada uno de los autores compilados. Los textos dan el perfil de cada autor, diferenciables plenamente, en conjunto nos muestran el camino que tomó la pedagogía en las primeras cuatro décadas del siglo XX. A continuación resumimos nuestra propuesta de lectura.

Por una pedagogía crítica. Manuel Alcalá Martín

Los artículos del maestro tizimileño demuestran una clara preocupación por la educación, fundamentada en la crítica al sistema educativo, a los métodos e ideas imperantes en Yucatán.
En “La escuela primaria: su orientación actual” el maestro Alcalá escribió:
En efecto, la escuela antigua, conforme con el concepto que de ella se tenía, conforme el humildísimo papel que desempeñaba en el seno de las sociedades no alumbradas aún por el magnífico sol del renacimiento de las ideas que ha inyectado en los pueblos la savia de sus principios vigorizantes, era exclusivamente instructiva, se limitaba a transmitir a las inteligencias en flor una dosis más o menos escasa de intelectualismo desesperante, con su aprendizaje de memoria, con sus textos abstrusos, con sus procedimientos rutinarios, con la más absurda de las disciplinas, reveladora de ningún conocimiento que se tenía de la naturaleza psicofísica del niño […]. [3]

La crítica a la escuela antigua no era nueva, en este caso lo importante es situar las afirmaciones en el tiempo de su creación, 1910. La escuela antigua no era aquélla impartida antes, sino, durante el Porfiriato, aquélla que los congresos pedagógicos intentaron substituir, pero apenas veían los resultados esperados. La orientación, el camino que las escuelas debían tomar era muy claro.

Lo anterior queda confirmado con el texto “La inspección técnica de las escuelas: urgente necesidad de su reorganización”, donde la propuesta es modificar la distribución de las zonas escolares ya que “la Ley de instrucción pública de 1887, vigente en parte de nuestro Estado, establece la inspección escolar; pero ésta es muy deficiente en su organización”.[4] Su labor le valió ser prologuista de El problema de la instrucción pública en Yucatán, de José I. Novelo.

La tradición pedagógica es otro de los temas que permean la obra de Alcalá Martín, de manera especial la semblanza que realiza de Rodolfo Menéndez nos ilustra la influencia tan fuerte que los porfirianos y positivistas ejercieron en una de las generaciones de estudiantes que mayor peso tuvo en la construcción de los proyectos educativos del siglo XX. Los afanes de cambio fueron expresados en sus textos, el temor a contradecir no era característico en el profesor.

Visión panorámica o el que todo lo abarca. Artemio Alpizar Ruz

Peca de modesto en “La efectividad de la enseñanza en el estado”,[5] argumenta estar poco preparado para responder al cuestionario de El Paladín Escolar. Pero en cada respuesta hace ir y venir al lector entre reflexiones basadas en su experiencia educativa: “la ley del estado es letra muerta”, “ha hecho falta también el esfuerzo de la iniciativa privada”, “contribuciones especiales para instrucción” y “equilibrio de presupuesto” son algunos de los temas tratados.

El libro como elemento indispensable en la educación es motivo de otro de los textos del maestro Alpizar Ruz, dedica un artículo al problema de los libros para la enseñanza en el aula. La cultura del libro en nuestros días se encuentra en un debate constante, principalmente por los nuevos soportes y los llamados libros enriquecidos, ello no ha impedido que el texto de instrucción se mantenga en las aulas y sea punto central del debate entre los profesionales de la educación.

El texto titulado “Reflexión acerca de los libros de texto en la escuela” es una crítica al maestro flojo que hace del libro “objeto y agente activo de la enseñanza”[6] cuando sólo debe de ser el medio. Es un texto que dadas las condiciones actuales sobre el libro vale la pena estudiar.
La educación del indígena no escapó a su ojo de águila:

Otro grave inconveniente para la difusión de la enseñanza en los pueblos es el idioma; todos sabemos que la lengua maya es la que hablan los hijos de los indios. Por esa razón, el maestro encargado de una escuela rural debe poseer esa lengua, si se quiere que cumpla convenientemente su cometido, de lo contrario es fácil obtener un fracaso que redundará en perjuicio de dicha raza.[7]

¿Cómo nos encontramos en ese punto ahora? Buscar soluciones que todo lo abarcan sólo está en los hombres que buscan el progreso no de una fracción, sino de la totalidad. Una perspectiva amplia sólo puede ser respaldada por un conocimiento de mismas características.

Buena educación para una buena patria. David Vivas Romero

La formación de valores cívicos es inseparable de la educación, ha sido su motivo y razón (basta leer Educación y nacionalismo de Josefina Zoraida Vásquez), así lo confirman cada uno de los textos de David Vivas Romero. El alto celo patriótico del maestro queda de manifiesto en su vehemente forma de expresarse sobre el lábaro patrio, de la descripción detallada y emotiva de los niños llorosos ante la enseña tricolor.

La Revolución hacía su trabajo en la mente del profesorado Yucateco, si el Porfiriato dio lugar a lo extranjero ahora los profesores no pasaban oportunidad de dar cuenta de la importancia del respeto a los símbolos patrios de México. “Una lección de educación cívica”[8] y “Una excursión escolar”.[9]
Los recuerdos de las fiestas del centenario de la independencia en 1910 cobraron excepcional valor para hablar de patriotismo, su sentir queda descubierto cuando recuerda las fiestas nacionales:

Era que el gran espíritu de la Patria ungía en aquel instante nuestras almas con el óleo sacrosanto de su amor. A mí me pareció que nos alejábamos de la tierra, que su resplandor vivísimo me deslumbra y que una música lejana y dulcísima embargaba mis sentidos. Mientras tanto, las tiernas vocesitas (sic) decían: “¡Bandera! ¡Bandera tricolor! ¡Bandera de México![10]

El respeto a la patria, a la identidad mexicana, es distintivo de la educación que inicia a partir del año de 1910. La emotividad patria se fundiría con el proceso de enseñanza, considerando a la educación eslabón indispensable en la construcción de la nación, las fiestas del Centenario no tendrían tanto eco en el régimen de Porfirio Díaz como en el de Francisco I. Madero. La presencia de la Liga de Acción social en algunos de sus textos es de llamar la atención, si bien se trataba de una institución de carácter social no era del agrado de todos. En la conciencia de David Vivas la Liga de Acción social era:
Motivo de legítimo orgullo y que más tarde, si, como lo deseamos ardientemente, consigue llevar sus hermosísimos ideales al terreno de la práctica, será causa muy poderosa de positivos adelantos, correspondiéndole por ello un puesto de honor, una brillante página en los anales del progreso yucateco.[11]

Se mantuvo fiel a la idea del maestro como formador de ciudadanos que rindieran el debido respeto a la patria y supieran convivir en armonía con los demás. “La educación moral”,[12] texto incluido en la antología, nos remite a una nueva moral, secular, donde lo moral es civilizado y patriótico.

Científico de la educación, sociólogo de la vida. Eduardo Urzaiz


De intelectualidad sobresaliente, de imponente figura e impresionante polivalencia, Eduardo Urzaiz supo llenar el espacio que al entrar cada vez más al siglo XX dejó Rodolfo Menéndez de la Peña. Primer rector de la Universidad Nacional del Sureste, novelista, precursor de la psiquiatría e introductor de la operación cesárea en Yucatán el nombre de Eduardo Urzaiz significa mucho.

Se ha mencionado que la más grande labor del cubano hecho yucateco fue introducir la operación cesárea en nuestro estado, disiento de tal afirmación, sus textos deben hacernos pensar en una obra equilibrada donde todo, realmente todo, tiene el mismo peso. Sin su interés por la educación nadie hubiera aprendido a hacer una cesárea, sin su pensar científico los progresos en la teoría pedagógica local hubieran sido lentos.

El Porfiriato le sentó bien a Eduardo Urzaiz, su formación positivista reluce en pasajes como el siguiente:
Mas hay que convencerse, por triste que esto sea, que el poder de la educación tiene sus límites y de que existen seres incurables o a quienes la educación modifica muy poco. Tales son los niños totalmente idiotas, los amorales o criminales natos, los epilépticos con impulsos irresistibles y los que se encuentran en el primer periódico de la demencia precoz.[13]
La cita anterior es producto del rigor y del lenguaje técnico, la influencia de la psiquiatría en el estudio de los “criminales natos” fue una constante porfiriana, el surgimiento de los departamentos de antropología criminal tiene su base en ese tipo de estudios que llevaron, incluso, a la medición de los niños en escuelas para detectar a los “idiotas”, criminales y demás “anormales”.

Sus textos son una síntesis de sus trabajos en todas las ciencias que cultivó, “La imaginación y la abstracción en el proceso educativo”[14] producto de sus estudios sobre psiquiatría, “La educación como función social” revela su interés por la sociología pedagógica: “la educación comprende las aptitudes físicas y psíquicas del individuo humano y las colectivas que posee como ser social; es el factor más importante en la evolución de este ser y el coeficiente del progreso en general”.[15]

El texto renombrado por el editor como “La educabilidad: una necesidad esencial del hombre” nos remite a la unión de biología y ciencias sociales para el amplio entendimiento del proceso de formación intelectual de los individuos, combatía pensar la pedagogía como una labor simple:

El poder de la educación ha sido muy discutido. Algunos lo consideran limitado; suponen a todos los hombres iguales al nacer y creen que cuando lleguen a ser más tarde, en bien o en mal, será obra de la educación que reciban. Otros niegan este poder y afirman que el modo de ser de cada individuo depende únicamente de las tendencias que hereda de sus progenitores [...]. Ambos extremos se apartan igualmente de la verdad. Todo niño, al nacer, hereda de sus padres y antepasados aptitudes y defectos, tendencias buenas y malas. La obra de la educación consiste en aprovechar las disposiciones felices del sujeto y promover el desarrollo de las facultades deficientes y menos brillantes [...].[16]
En conjunto hacen el trabajo que hoy llamamos multidisciplinar, biología, antropología, historia y pedagogía se reunían para poder explorar toda la complejidad de la formación intelectual del hombre.

Humanista, maestro. Rodolfo Menéndez de la Peña


Rodolfo Menéndez, como maestro de ideas liberales siempre buscó el progreso social, moral y científico mediante la educación, pero ello no significaba negara la utilidad de la enseñanza religiosa como referente para mejorar y templar el carácter del niño.

Publicó en el año de 1907 La moral en acción[17] para su uso en la enseñanza primaria, el texto señala en su prólogo que uno de los fines de la enseñanza es “formar el corazón y el carácter del niño, robustecer su sentido moral, impedir que en su alma se formen las malas inclinaciones, cultivar en él los elevados sentimientos de la benevolencia, la caridad, la abnegación, el amor sagrado de la patria y del género humano, las leyes del honor, el culto del deber, la religión de la virtud”, elementos similares a los deberes cristianos.

Las poesías “El lujo de los pobres”, “La enseñanza y el bien”, “La inocencia y el arrepentimiento” y “El taller y la escuela” nos permiten ver en buena medida al humanista que fue. [18]

Consideraciones generales

El volumen presentado por Freddy Espadas Sosa es un complemento ideal para el estudio de las ideas pedagógicas en nuestro estado, nos permite aproximarnos a revistas como La Escuela Primaria, La Educación, La Educación Integral, El Paladín Escolar y Lux, además de algunos capítulos de libros. Cabría decir que presentar los textos de cada autor en orden cronológico hubiera sido útil para seguir la evolución de su ideario, de los temas que les preocuparon con el paso de los años. Fuera de ello no hay detalle que apuntar.

Por parte de los grandes pedagogos reluce su filiación porfiriana, de los cinco dos mencionan a Olegario Molina como impulsor de la educación, dos no hacen mención de ninguno de ellos, pero no ocultan su positivismo, sólo uno de ellos hace mención de Madero y su gobierno. Textos que nos hablan de un ideario, textos que nos hablan de una época, de la complejidad de la pedagogía.

Notas

[1] Texto leído por el autor en la presentación del libro Grandes pedagogos yucatecos, el pasado 21 de marzo en la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán.
[2] Espadas Sosa, Freddy (editor). Grandes pedagogos yucatecos, volumen II. Mérida, Casa de la Historia de la Educación de Yucatán-Universidad Autónoma de Yucatán-Universidad Pedagógica Nacional-Secretaria de Educación Pública del Gobierno del Estado de Yucatán, 2012, p. 262. Las citas de obras de pedagogos yucatecos realizadas a lo largo del texto provienen del libro referenciado anteriormente, se consignará al autor, el título resumido y la página correspondiente en la edición (en el caso de una cita textual se anota la página precisa, en caso de referencia general a algún artículo se señalan las páginas que ocupa), así como la fecha de publicación original.
[3] Alcalá Martín, “La escuela primaria: su orientación actual”, pp. 35-36. Publicado originalmente en La Educación Integral, 15 de enero de 1910.
[4] Alcalá Martín, “La inspección técnica de las escuelas: urgente necesidad de su reorganización”, p. 48. Publicado originalmente en La Educación Integral, 5 de mayo de 1910.
[5] Alpizar Ruz, “La efectividad de la enseñanza en el estado”, pp. 57-69. Publicado originalmente en El Paladín Escolar, 15 de mayo de 1913.
[6] Alpizar Ruz, “Reflexiones acerca de los libros de texto en la escuela”, pp. 79-80. Publicado originalmente en El Paladín Escolar, 15 de marzo de 1915.
[7] Alpizar Ruz, “El problema de la educación del indio”, p. 78. Publicado originalmente en El Paladín Escolar, 13 de noviembre de 1908.
[8] Vivas Romero, “Una lección de educación cívica”, pp. 116-120. Publicado originalmente en La Educación Integral, octubre de 1910.
[9] Vivas Romero, “Una excursión escolar”, pp. 127-132. Publicado originalmente en La Educación, 1 de abril de 1929.
[10] Vivas Romero, “Una lección de educación cívica”, p. 118.
[11] Vivas Romero, “Trascendental proyecto de la Liga de Acción Social”, p. 112. Publicado originalmente en La Educación Integral, 15 de enero de 1910.
[12] Vivas Romero, “Educación moral”, pp. 133-135. Tomado del libro El niño proletario, editado en 1945.
[13] Urzaiz Rodríguez, “La educabilidad: una necesidad esencial del hombre”, p. 170. Tomado del libro Nociones de antropología pedagógica, editado en 1939.
[14] Urzaiz Rodríguez, “La imaginación y la abstracción en el proceso educativo”, pp. 172-180. Tomado del libro Nociones de antropología educativa, editado en 1939.
[15] Urzaiz Rodríguez, “La educación como función social: su evolución histórica”, p. 138. Tomado del libro Conferencias sobre sociología dedicadas a los maestros de educación primaria y a los alumnos de las escuelas normales de la república mexicana, editado en 1924.
[16] Urzaiz Rodríguez, “La educabilidad: una necesidad esencial del hombre”, pp. 166-167.
[17] Texto editado recientemente por la Secretaria de Educación del Estado de Yucatán, inscrito en un amplio proyecto de rescate de nuestro patrimonio educativo realizado por la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán. Menéndez de la Peña Rodolfo. La moral en acción, para la enseñanza primaria superior. Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán-Secretaria de Educación del Estado de Yucatán, 2008, 273 p.
[18] La selección de poesía de Menéndez abarca las páginas 236-249. Todas provienen de La Escuela Primaria.

lunes, 15 de abril de 2013

Un facsimilar en D. Bullebulle

Joed Amílcar Peña Alcocer, Por Esto!, 21 de marzo de 2013.

Al POR ESTO!
XXII años de continuar con la bicentenaria historia de la prensa en nuestro estado

Yucatán iniciaba el año de 1847 con un espíritu que bullía por la fe en el progreso, los campos agrícolas del oriente se habían hecho de la reputación de ser “el granero del estado”, la economía de las poblaciones que los albergaban era boyante, así lo demuestran los edificios vallisoletanos, yaxcacabenses(1) y sotuteños.

La prensa daba cause a reportajes sobre los progresos en agricultura, las páginas literarias abundaban y se veía un horizonte luminoso. En el mes de julio de 1847 el horizonte fue iluminado a ojos criollos por “la tea incendiaria del indígena sublevado”, para los mayas era luz de libertad.

En el contexto anterior surge una de las publicaciones más famosas del siglo XIX en Yucatán, el periódico satírico D. Bullebulle. Fabián Carrillo, José Antonio Cisneros, José García Morales, Miguel Barbachano y Gabriel Gahona “Picheta” estaban tras las páginas del periódico, a ellos les tocó ver los cambios que la Guerra de Castas trajo.

La vida de la publicación no fue larga, pero en su corta existencia no desaprovechó tocar el tema de la Guerra de Castas en artículos e imágenes. En uno de los últimos artículos, titulado “El testamento del año 1847”, relata la muerte de D. Bullebulle y el incendio de su testamento a los incrédulos ojos de los testigos; inmediatamente al artículo sigue una leyenda que a la letra dice “he aquí sacado de un documento auténtico el facsímile de la firma de uno de los principales caudillos de los indios sublevados” y se inserta un maltrecho trazo que dice “Jacinto Pat”.


Facsimilar de la firma de Jacinto Pat, en D. Bullebulle


La Guerra de Castas tomó de sorpresa a la población, muchos periódicos dieron cuenta de las cartas entre sublevados y miembros del gobierno; pero fue D. Bullebulle el que ofreció una firma de Jacinto Pat.

La revisión de la documentación epistolar de Jacinto Pat nos revela una letra clara y entendible, todo lo contrario al “facsimilar” que el grupo de bulliciosos dio a conocer a sus lectores. Considerando la destreza de Gabriel Gahona no podemos dudar que se pudo haber conseguido una mejor reproducción. La firma de Jacinto Pat publicada en D. Bullebulle tiene correspondencia con características de la firma original, evidencia que los responsables de la publicación conocían la correspondencia y, ya sea por haber hecho una mala copia o por la premura de publicar, no obtuvieron un facsímil en forma.

Habría sorprendido publicar una firma de trazo nada vacilante proveniente de un indígena “bárbaro y sublevado”. ¿Podría ser que la reproducción fuera mal realizada apropósito? A mediar el siglo XIX eran muy pocos los indígenas que sabían leer y escribir, se pensaba en el indígena como iletrado. La buena letra producto de la enseñanza formal era asequible generalmente a criollos y mestizos, ellos eran depositarios de la civilización, por lo tanto un indígena de buena letra evidentemente educado no podía ser guía de aquellos que iban en contra de la cultura, la política y la sociedad de Yucatán.


Firma de Jacinto Pat, carta a Miguel Barbachano



En un artículo publicado en el mismo periódico, “Nini va por la lana y vuelve trasquilado”, el personaje sale “disfrazado” de maya en plena Guerra de Castas y, por ello, es objeto de linchamiento por los habitantes del poblado al que llegó. Logra ser rescatado por un sacerdote que lo insta a hablar en latín para que la muchedumbre se diera cuenta que no es un indígena, los mayas no hablan latín.

Podríamos decir que el facsimilar publicado en D. Bullebulle es una muestra más del pensamiento que las élites tenían sobre los indígenas, pero no podemos más que considerarlo una posibilidad. Seguramente la publicación de la firma de Jacinto Pat fue comentada e hizo que la población conociera la letra del sublevado, reafirmando a la prensa como el medio por excelencia de transmisión de noticias.

Esta y otras publicaciones con sus detalles y particularidades han hecho más amena la vida de los yucatecos. La prensa en Yucatán tiene ya 200 años, es una historia con destellos y sombras que al día de hoy parece no terminará pronto, en ello nos alegramos.

(1) En el original Yaxcabences, cambio realizado por el periódico.

miércoles, 6 de febrero de 2013

De las fuentes históricas y su utilidad para la literatura


No es nada nuevo el adagio que dice "sin fuentes no hay historia", el concepto de fuerte carga positivista es un llamado a la construcción de investigación con una base documental. En un principio se entendía documento como la fuente oficial o manuscrita, pero al día de hoy el concepto de lo que un documento se ha ampliado su espectro, debido a ello la fotografía, la novela, los poemas y la historia oral han sido reivindicados como elementos a considerar en la investigación.
En el caso de la investigación literaria han tenido un peso importante las obras de autor, descuidando la utilización de documentación contemporánea que  es un revulsivo en el análisis de los textos. Las invitaciones, los programas de mano y los anuncios en prensa  nos ayudan a comprender la obra de algún autor o el conjunto de ella en un amplio marco; conocer la distribución de las puestas en escena, los puntos de venta de los libros así como los espacios públicos en los que se sitúan los literatos es abordar el estudio de la historia de la literatura no únicamente desde el poema mismo o la corriente literaria en la que se inscribe (como ejemplo de ello los 18 tomos de Historia de la literatura en Yucatán de José Esquivel Pren), permitiendo ver la labor literaria en todo el ambiente de su producción estilística, formal, cultural, política y circunstancial (como ejemplo de ello, con sus respectivas acotaciones, De la nostalgia por la memoria a la memoria nostálgica de Arturo Taracena Arriola), es decir, la escritura en su tiempo. Agreguemos las fuentes manuscritas, en especial las epistolares y tendremos modo de reconstruir la creación de ideas u obras.

Carta manuscrita de Octavio Paz.


La búsqueda hemerográfica es de suma ayuda en la construcción de un estudio crítico y revisionista de los autores. Los plagios de Gutiérrez Nájera, conocido como el Duque Job, no podrían haber sido evidenciados sin la acuciosa revisión  realizada por Clementina Díaz y de Ovando en su texto "Otro plagio y otro seudónimo del 'Duque job'" o "Dos plagios del Duque Job" de Héctor de Mauleón, son textos en los que la hemerografía funge como detonante de una revisión del estilo del autor y que se complementa con la revisión de fuentes bibliografías que dan pie a los argumentos de plagio.
La crítica literaria más actual se ha servido de diversos elementos para hacer juicio literario. En revistas de circulación nacional que se autonombran de literatura (la crítica se comprende dentro de ella), como Letras Libres o Nexos, el análisis de autores clásicos e incluso de obras recientes obedece a la inspección en base a amplios criterios de contexto de vida y creación literaria.
Los historiadores de la literatura han hecho uso de fuentes más variadas en la construcción de sus objetos de estudio, el resultado  ha sido el enriquecimiento de las vetas de estudios literarios, permitiendo la inspección de facetas antes no vistas en sus letras o mirara su vida en las letras en relación a las circunstancias de los tiempos vividos, podemos mencionar "La vida como imperativo literario" de Miguel Rupérez sobre Juan Goytisolo, artículo en el que no existe referencia directa a alguna fuente primaria pero que deja entrever los resultados de un dialogo más estrecho entre los apuntes, fuentes históricas y análisis de la obra literaria del español.
Es importante mencionar que la sola fuente primaria no puede esclarecer o abrir nuevos senderos historiográficos en relación a la literatura, todo depende de la pericia de quien a ellas se llegue.


Folletín de Los Martires del Anahuac, 1870.

viernes, 31 de agosto de 2012

La educación en el discurso historiográfico de Justo Sierra O´Reilly: breve acercamiento



Los estudios y análisis historiográficos son algunos de los campos más interesantes del quehacer del historiador. Un buen estudio de este tipo nos abre la puerta para comprender de mejor manera cómo los historiadores, contemporáneos o no, han abordado diversas temáticas. Un buen ejemplo de ello podría ser lo hecho por Arturo Taracena en el primer capítulo de  De la nostalgia por la memoria a la memoria nostálgica, donde de manera clara y precisa perfila cuales han sido los principales acercamientos con los que se ha estudiado el tema del separatismo yucateco.

Los mismo pueden ayudarnos a encontrar rasgos característicos de algún escritor y, en la medida en la que los textos lo permitan, poder encontrar la postura que asumió ante tal o cual situación, tal como lo hecho por Evelia Trejo en Los límites del discurso, donde nos señala la postura de Lorenzo de Zavala ante la iglesia.

Estas solo son unas pequeñas y muy resumidas directrices que los estudios historiográficos pueden tener, claro que la profundidad y tema analizado dependerán mucho de la imaginación y pericia del historiador. Por lo pronto dejamos al lector un artículo que precisamente es un ensayo de análisis historiográfico, que fue presentado antes de su publicación como conferencia por el autor en la Casa de la Historia de la Educación en Yucatán.


Joed Amílcar Peña Alcocer en Unicornio. Suplemento cultural de PorEsto!, Mérida, 12 de febrero de 2012.


La educación debe ser entendida como un proceso dialéctico de intercambio de reflexiones en torno a la formación del hombre en sus diversos aspectos, por otra parte, la historia se encarga del estudio de los procesos históricos y en definitiva la educación es uno de estos procesos de suma importancia. Con lo anterior debe quedar de manera sucinta resumida la relación que existe entre la una y la otra, la educación se trata de un proceso histórico y la historia en algún momento se enseña.

Los ideales que la humanidad ha tenido a lo largo de los siglos han quedado registrados en la memoria documental, aquélla que ha sido generada en las instituciones o por hombres comprometidos con el devenir de sus días, éstos últimos generaron un discurso, una serie de escritos que señalan su forma de pensar y concebir los problemas que los aquejaban, esbozando en ellos las soluciones que creían viables. En resumidas cuentas, generaban un discurso.

El Siglo XIX mexicano, en especial en su primera mitad, sentía el empuje de la independencia conseguida en el año de 1821, por lo que se procuró delinear prontamente el esquema bajo el cual la nueva nación encontraría la vía al progreso. Uno de los temas de mayor preocupación fue el de la educación, ya que en perspectiva de los liberales de principios de siglo, el pueblo sólo podría hacer correcto uso de sus derechos y cumplir sus obligaciones, cuando tuviera los conocimientos necesarios para desempeñar correctamente la ciudadanía. En pocas palabras, el ciudadano debía poseer un nivel educativo aceptable.
La población de origen criollo o hispano era poseedora de los niveles educativos de mayor nivel, derivando así que la ciudadanía recayera mayoritariamente en ellos, esta situación presentaba una problemática, ¿Dónde situar a la población indígena? problema no menor si consideramos que la mayor proporción de habitantes era precisamente de este grupo social.

Preocupación por la educación en Yucatán

Yucatán no estuvo exento de esta discusión, muy tempranamente en el Siglo XIX se hizo presente la preocupación por la educación de la población. Entendiendo que ésta conllevaría a un buen ejercicio político. El Misceláneo, primer periódico editado en Yucatán decía que:

“Uno de los primeros encargos de la diputación de provincia es formar la división de ésta en partidos de a 25000 almas, la que aprobada por las Cortes nos traerá inmediatamente 25 jueces de letra por lo menos, si cuando estos lleguen, hallan a los pueblos tan rústicos, tan ignorantes de sus derechos, tan acostumbrados a llevar el yugo del despotismo como lo están en el día, la provincia será perdida […].El único arbitro capaz de evitar los males que los amenazan en esta parte, o de abreviar su plazo, es formar el espíritu publico promoviendo la educación y enseñanza de la juventud […].

“Recordamos a los ayuntamientos la obligación que la Constitución les impone de cuidar de todas las escuelas de primeras letras y demás establecimientos de educación […]. Solamente su ilustración puede calmar nuestros temores, aun hacer útiles los jueces letrados, en cuya clase, y por desgracia de esta profesión y también por la nuestra hay metidos de gorra innumerables sin los reconocimientos y propiedad que debían caracterizarlos. Mejorará también las costumbres, si es verdad que todo abuso nace del error y todo delito público o privado no es otra cosa que un errado cálculo del espíritu” [1].
Conforme pasaron los años se fue acrecentando la necesidad de dar al pueblo una buena educación. Yucatán a mediados del siglo vería iniciar uno de los proyectos culturales más importantes de su historia, 1841 fue el año en el cual salió el primer número de el Museo Yucateco, proyecto donde las plumas más destacadas de la península se reunieron, Justo Sierra O´Reilly, Vicente Calero Quintana y Gerónimo del Castillo Lenard son algunos de ellos.



La nueva empresa editorial tenía como objetivo definir las bases del regionalismo yucateco, instruir a los habitantes de Yucatán mediante la rememoración de los hechos, paisajes y personajes que hacían del territorio peninsular un espacio digno de ser conocido y reconocido. La misión de estas publicaciones tenía estrecha relación con los proyectos políticos. Se pensó y escribió, en otras palabras, se presentó un discurso. Justo Sierra O´Reilly al ser el más destacado intelectual de su época es el claro representante de los intereses de las élites, y uno de ellos es la educación.


Justo Sierra O´Reilly
En este punto es importante advertir que no existe dentro de la producción de Sierra O´Reilly alguna obra dedicada exclusivamente al tema de la educación, pero revisando su producción historiográfica podemos ubicarla como uno de los temas que resultan recurrentes al tratar sobre los indígenas, muy especialmente en la coyuntura de 1847. Por ello hemos analizado sus principales obras y nos hemos dado a la tarea de rastrear su pensamiento sobre la educación.



La educación en los periódicos literarios
el Museo Yucateco y el Registro Yucateco

La población criolla siempre mostró claras prácticas de diferenciación con los llamados “indios” [2], el estatus del criollo como representante de la civilización a partir de la independencia los colocaba, en palabras de ellos mimos, como guardianes de la fragilidad indígena, calificándolo como “el buen salvaje”. Estas recurrentes acciones de diferenciar, de reconocer al indígena como el otro, y éstos últimos de reconocer al criollo como algo diferente a ellos, ayudó en mucho la aceptación del discurso de diferenciación étnica.

Viajeros extranjeros como Frederick de Waldeck y John L. Stephens que arribaron a Yucatán en la primera mitad del XIX veían a los indígenas como “buenos salvajes” e incluso como “salvajes inteligentes”; el segundo viajero proponía que la existencia de las construcciones diseminadas por el territorio peninsular, eran una clara evidencia de la existencia de una historia regional, anterior a la llegada de los españoles [3]. Las observaciones, tanto de los sabios viajeros como de los intelectuales locales, de manera inevitable, llevaron a la planificación del mejor modo de incluir al indígena en “el concierto de las naciones civilizadas”, para ello la educación se erigió como fundamento de la trasformación del indígena, ayudándolo a “poseer de nuevo la capacidad necesaria para inventar y ejecutar obras iguales a las que vimos en los arruinados monumentos de sus antepasados” [4].


Museo Yucateco
Las páginas de el Museo Yucateco fueron donde el nutrido grupo de intelectuales liderados por Sierra O´Reilly plantearon sus opiniones respecto a temas de importancia, tales como la historia, la literatura y la educación. En palabras de Cortés Campos, el lector al que Justo Sierra se dirigía debía ser “ávido de conocimientos, continuo y deseoso de recibir la entrega siguiente” [5]; es claro que las temáticas presentadas en las publicaciones del grupo intelectual yucateco tenían como fin primordial llegar a las clase acomodadas, buscaban influir sobre los influyentes, ellos eran quienes tendrían la facilidad de adquirir los periódicos y en el mejor de los casos hacer uso de las ideas contenidas en ellos. Cortés Campos maneja cuatro fines fundamentales en la novela de Sierra O´Reilly, y que bien pueden ser considerados para la totalidad de su producción. Estos cuatro fines son: educar al público por medio de la historia, formar un criterio sobre los acontecimientos de la época y reflexionar sobre la situación social, revalorizar el amor por la provincia, es decir, crear una identidad regional; y por último, presentar el conocimiento de manera accesible [6].

El proyecto liberal siempre fue visto por sus partidarios como el ideal, dentro de los lineamientos que esta ideología presentaba existían algunos puntos, sino es que todos, que se oponían directamente a las prácticas culturales de los pueblos indígenas, una de ellas es la noción de la propiedad privada, entendida ésta como la posesión exclusiva de bienes por parte de un individuo, contrario a la propiedad comunal indígena. Si bien muchos pobladores indígenas de mediados del Siglo XIX no pretendieron acoplarse a este sistema, hubieron otros que rápidamente buscaron obtener beneficios de estas nuevas enseñanzas liberales. Desde el año de 1840 algunos indígenas, bajo el patronazgo de los grupos criollos, habían iniciado un proceso de apropiación de tierras, algunos de ellos fueron Vicente Pech de Yaxcabá, Jacinto Pat de Tihosuco y Macedonio Dzul de Peto [7]. Podemos notar que la población indígena alcanzó bajo las premisas liberales notoriedad, la influencia de el Museo Yucateco y el Registro Yucateco no pueden ser negadas; las poblaciones mencionadas fueron lugares de distribución de ambos periódicos [8].

En 1841 al indígena se le otorga la ciudadanía, para que dicha concesión fuera efectiva la población debía dejar atrás sus prácticas tradicionales y creencias supersticiosas, como aquéllas enumeradas en las primeras páginas de el Museo.

La idolatría y superstición indígena, lamentada y censurada por Sierra O´Reilly en las páginas de sus periódicos fue tratada también por Bartolomé del Granado, cura de Yaxcabá, en un informe realizado por él a principios del Siglo XIX:

“En los primeros quince años que obtuve este curato, me dieron bastante qué hacer; pero después de los ejemplares castigos de azotes y penitencias que ejecuté en los delincuentes, con arreglo a los superiores mandatos, há como quince años que están en silencio y sólo de tarde en tarde suele haber algún indicio. La adivinación más frecuente, es por medio de algún pedazo de cristal, que llaman zaztun esto es, piedra clara y transparente: por él dicen que ven las cosas ocultas y origen de las enfermedades. Lo que en esto he llegado a entender, es que habrá habido alguno que, con pacto del demonio haya adivinado por medio dicho zaztun; pero lo más ordinario es, que los que de él usan, son unos embuteros impostores [9].

Un criterio similar es la consideración de los ritos como producto del embuste de unos indígenas aprovechados de la ignorancia de sus demás congéneres. A pesar de considerarlos propensos a caer en el engaño por su ignorancia, se pensaba que el indígena era un ser que fácilmente puede ser insertado, mediante la educación adecuada, al grupo de hombres dedicados a trabajar por el progreso de Yucatán. Sin importar aquello, las páginas de el Museo darían cabida, aunque de manera tenue, a una crítica generalizada al carácter del indígena durante el Siglo XIX y a su embriaguez.

Los indios de Yucatán y la utilidad de la educación

La idea sobre la necesidad de incorporar al indígena a la vida yucateca sería abandonada por Sierra en el año de 1847. El Fénix, tercer periódico de Justo Sierra, fue la plataforma de difusión de sus nuevas ideas y concepciones de la población indígena, nacidas del estallido de la insurrección maya. El Diario de nuestro viaje a los Estados Unidos, escrito por Sierra O´Reilly entre septiembre de 1847 y mayo de 1848, durante su viaje a la Unión Americana para negociar la neutralidad de Yucatán en la guerra que sostenía esta nación con México, es una extraordinaria fuente para analizar el vuelco ideológico que Justo Sierra O´Reilly experimentó [10], pasando de abogar por la inclusión del indígena, a ser partidario de su exterminio o expulsión del territorio yucateco [11].

“Yo siempre he tenido lástima a los pobres indios, me he dolido de su condición y más de un vez he hecho esfuerzos por mejorarla, porque se les aliviase de algunas cargas que a mí me parecían muy onerosas. Pero ¡los salvajes! Brutos infames que se están cebando en sangre, en incendios y destrucción. Yo quisiera hoy que desapareciera esa raza maldita” [12].

La enajenación de tierras y el debilitamiento de la agricultura en la zona oriental eran para Justo Sierra parte de los causantes del problema [13], la presión ejercida sobre las comunidades más el cobro de los diezmos les habían dado una carga insoportable [14], los elementos para el estallido de la insurrección en 1847 estaban dados. Todo ello causó que el indígena maya abandonara el culto católico y por lo tanto abrazara sus antiguas creencias, facilitando el desarrollo de la impiedad en ellos [15]. La importancia de la religión para los liberales de mediados del XIX quedó demostrada al afirmar que si los clérigos de la colonia hubieran actuado como el Padre José María Velázquez se hubieran evitado hechos funestos [16].

José María Velázquez y los Sanjuanistas son para Justo Sierra los grandes ideólogos del Yucatán de principios del Siglo XIX, ellos fueron quienes lucharon en contra de la opresión del indígena e innovaron con sus propuestas, llegando incluso a tener un papel importante en la política local. Pero de manera general el grupo había sido una “escuela especulativa y filosófica, más bien que sociedad práctica y de acción, [por lo que] sus medidas no podían tener eficacia alguna” [17], así que las necesidades de los indígenas no pudieron ser cumplidas de manera eficaz. De esta crítica surge la principal explicación que da Justo Sierra O´Reilly a la situación del indígena, haberles otorgado derechos y responsabilidades que no les correspondían por no poseer los elementos educativos necesarios para la comprensión de la legislación [18].


Como buen jurista, Justo Sierra sabía que la comprensión de la ley es un elemento indispensable para que el ciudadano pueda llamarse como tal. La interpretación adecuada de la reglamentación, tanto política como social, es una característica distintiva de los países civilizados y, por lo tanto, de sus ciudadanos. Esta situación no se cumplió ni en 1813 y mucho menos en 1841, dos momentos en los cuales se le posibilitó al indígena su participación en “la visa civilizada”. Por tal motivo Sierra reconoció el valor de la educación en la formación de las naciones, ya que como escribiría años después en su Proyecto de Código Civil Mexicano: “La ley es igual para todos y no conoce distinciones de condición social” [19].

La critica realizada a las órdenes religiosas, en especial a la franciscana, argumenta que la falta de verdadero celo religioso por la enseñanza durante la época colonial dio como resultado que la población indígena se encontrara en el limbo del conocimiento [20]. Por ello Sierra propone una nueva cruzada de evangelización, procurando así que la educación que tanto faltó en décadas anteriores pudiera, ahora, resarcirse con la ayuda de la iglesia. La propuesta del intelectual nos habla, por una parte, del momento de desesperación y abandono de la idea de la existencia del “buen salvaje”, ya que ahora había que “evangelizar”, en pocas palabras, rescatar de la perdición moral y social al sublevado y, por otra, nos muestra la siempre cercana relación que los hombres de tan pulida pluma tuvieron a la iglesia en momentos difíciles.

El nuevo camino tomado por Sierra en su discurso historiográfico trascendería como parte importante de la Guerra de Castas, por medio de su pluma había sido el único que participó del conflicto sin tomar las armas, causando un cambio en sus paisanos. Su periódico El Fénix y Los indios de Yucatán, que nació en las páginas del mismo, se transformarían en los pilares de la historiografía de la segunda mitad del Siglo XIX, logrando llegar, incluso, al plano de la literatura y más aún a la memoria de los yucatecos. La memoria de Justo Sierra O´Reilly prevaleció en tanto hizo resurgir la memoria del peligro de Oriente.

Conclusiones

El tratamiento del tema educativo tiene en Justo Sierra dos momentos evidentes, el primero ligado a sus periódicos el Museo Yucateco y el Registro Yucateco, donde el proceso educativo se llevaba mediante la lectura de los artículos de variados temas, todos ellos siempre teniendo el optimismo de la superación social de Yucatán.

Un segundo momento se encuentra ligado a su Diario de nuestro viaje y Los indios de Yucatán, textos que evidencian la trasformación de las concepciones de Justo Sierra sobre los indígenas. Es en ese momento cuando el intelectual ve la imposibilidad de la educación del indígena, al considerarlo ya no un “buen salvaje”, sino un “bárbaro”. Es interesante el analizar estas propuestas de Sierra, ya que ellas permanecerían en el ambiente académico durante las décadas siguientes, pudiendo ser rastreadas, incluso, hasta principios del Siglo XX, aunque ya no con el mismo espíritu que el hombre nacido en Tixcacaltuyub les imprimió, pero sí demostrando la preocupación por la educación de los hombres del campo.

Aún no habiendo escrito una obra dedicada a la educación en el Estado, la figura de Sierra O´Reilly fue siempre ligada a empresas culturales y educativas. Un ejemplo de ello es que el 15 de Junio de 1879 circuló el primer número de Sierra y Pérez: semanario dedicado al bello sexo, periódico que en palabras de sus editores tendrá como objeto “recoger las tradiciones históricas de la Península, para conservarlas y transmitirlas, a las generaciones sucesivas, dar a luz artículos sobre literatura, bellas artes, poesías y leyendas escritas por jóvenes yucatecos, de un talento fecundo” [21]; lo anterior recuerda un tanto la misión emprendida por la sociedad de amigos que editó el Museo Yucateco y el Registro Yucateco, seguramente ambos periódicos fueron un referentes para este nuevo, ya que los autores ponían el periódico a los auspicios “de dos grandes insignes publicistas, Justo Sierra y Pedro Ildefonso Pérez, los cuales aunque han desaparecido de la escena del mundo, ha sido para entrar en la vida de la inmortalidad” [22].

Queda así de manifiesto que en el campo de la educación y la intelectualidad Sierra O´Reilly siempre ha sido un referente infaltable.

Archivos

CAIHY, Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán.

Hemerografía

-El Misceláneo, 1813.
-Sierra y Pérez, 1879.

Bibliografía

-Campos García, Melchor. “La etnia maya en la conciencia criolla yucateca, 1810-1861”. Tesis de Licenciatura en Ciencias Antropológicas, Especialidad en Antropología Social, UADY, 1987.
-Cortés Campos, Rocío. “La novela histórica de Justo Sierra O´Reilly: una literatura didáctica, formativa y de esparcimiento” en Temas Antropológicos, volumen 25, números 1-2, 2003.
-Revisión del proyecto de código civil mexicano del Dr. Justo Sierra, tomo I, México, Talleres de la librería religiosa, s/f, p. 43.
-Ruz Menéndez, Rodolfo. “Los indios de Yucatán de Bartolomé del Granado Baeza” en Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán, volumen 4, numero 168, 1989.
-Rugeley, “La elite maya del siglo XIX” en Guerra de Castas actores postergados, Mérida, 1997
-Sierra O´Reilly, Justo. Los indios de Yucatán: consideraciones históricas sobre la influencia del elemento indígena en la organización social del país, dos tomos. Mérida, UADY, 1994.
-Sierra O´Reilly, Justo. “Diario de nuestro viaje a los Estados Unidos” en Sierra O´Reilly, Justo y Juan Suarez Navarro. La Guerra de Castas: testimonios de Justo Sierra O´Reilly y Juan Suárez Navarro. México, CONACULTA, 2002.
- Taracena Arriola, Arturo. De la memoria nostálgica a la nostalgia por la memoria: la prensa literaria y la construcción del regionalismo yucateco en el siglo XIX. México, UNAM, 2010.

Notas

[1] El Misceláneo, 3 de Marzo de 1813.
[2] La intelectualidad criolla tuvo un discurso en el que los indígenas fueron excluidos de la civilización yucateca, entendida esta última bajo las premisas del progreso decimonónico. Es importante señalar que los pobladores yucatecos al diferenciarse de los indígenas lo hacían con argumentos basados en premisas de carácter educativo, mientras que al surgir el indígena bárbaro la diferenciación adquiere connotaciones raciales y civilizatorias. Ver: Campos, “La etnia maya en la conciencia criolla yucateca”, 1987, p. 7.
[3] Campos, “La etnia maya en la conciencia criolla yucateca”, 1987, pp. 111-119.
[4] Citado en Campos, “La etnia maya en la conciencia criolla yucateca”, 1987, p. 123.
[5] El estudio realizado versa sobre la novela histórica de Justo Sierra O´Reilly. Se utiliza la conceptualización de Humberto Eco de lector modelo. Si bien es un artículo de análisis literario, el perfil de lector de El Museo Yucateco y El Registro Yucateco nos permite conocer las características del sector poblacional receptor de las ideas de Justo Sierra y sus colaboradores. Cortés Campos, “La novela histórica de Justo Sierra O´Reilly”, 2003, pp. 118-119.
[6] Cortés Campos, “La novela histórica de Justo Sierra O’Reilly”, 2003, pp. 114-115.
[7] Rugeley, “La elite maya del siglo XIX”, 1997, p. 163.
[8] Los distribuidores de El Museo entre 1841-1842 fueron José María Peralta en Campeche, Alonso Aznar y Pérez en Mérida, Marcelino Paz Sierra, Luis Ríos y Valerio Rosado Rosado en Valladolid, Francisco J, Ramírez y José Domingo Sosa en Tekax Felipe Sauri Guzmán en Izamal, Justo Acevedo Lénard en El Carmen, Marcos Duarte Reuela y Francisco Suarez Guzmán en Pero, Pedro J. Hurtado en Bacalar, Pedro de Irabién en Tizimín, José Manuel Zapata Carvajal y Francisco Richie en Villahermosa, José Antonio Quijano Cosgalla en Hecelchakán, José Eulogio Rosado R. y Pantaleón Canto Tovar en Sisal, Juan José Hernández en Espita, Victoriano Moreno en Motul y Marcelino Paz en Sotuta; mientras que para El Registro lo fueron en 1845 Juan Paullada en Campeche, Gerónimo Castillo Lénard en Mérida, Juan José Hernández en Valladolid, José Domingo Sosa en Tekax, Pablo Españoles en Izamal, Justo Acevedo Lénard en El Carmen, Francisco Suárez Guzmán en Peto, Estanislao Carrillo en Ticul, Irineo Perea de Loría en Bacalar e Ignacio Cumplido en México, para 1847 a esta lista se agregarían Manuel Méndez Hernández en Campeche, José Menéndez en Hunucma, Manuel Domínguez Ortiz en Hecelchakán, Manuel Joaquín Cantón en Motul, Juan N. Mendicuti en Maxcanú, Manuel Ayora en Oxkutzcab, Joaquín Cuevas en Ticul, José Domingo Sosa en Tekax, Antonio Herrera en Sisal, Ramón Dionisio Cámara en Tihosuco, Vicente Alamilla en Hopelchen, Mateo Cosgalla en Sotuta, Manuel Contreras en Seyba-Playa, José María Díaz en Yaxcabá, José Inés Reyes en Izamal, Manuel Pérez en Tizimín, Juan Francisco Molina en Bolonchén y Manuel Castilla Reyes en Tecoh, Taracena, De la nostalgia por la memoria, 2010, pp. 125 y 127.
[9] Ruz Menéndez, “Los indios de Bartolomé del Granado Baeza”, 1989, p. 55.
[10] Un aspecto importante sobre el diario de Justo Sierra, es el motivo por el cual lo escribió. El Diario fue escrito para su esposa, de la cual se tuvo que separar debido a la misión que le fue encomendada, sirviendo el diario para mostrar a su mujeres aquello que vivió lejos de ella y el hogar. Ésta intencionalidad personal, da al diario una gran fidelidad sobre sus ideas. La forma de expresarse sobre el terruño, los recuerdos familiares escritos y la culpa demostrada por los compromisos a los cuales orilló a uno de sus hermanos, es base para comprender el cambio de sus ideas sobre los indígenas.
[11] El comercio de indígenas a Cuba ha sido uno de los episodios más oscuros de la historia peninsular, la situación de desesperación del Gobierno lo llevó a tomar tal determinación y, el hecho que Justo Sierra apoyara esta iniciativa evidencia el temor del criollo al indígena. Si bien estas acciones fueron inhumanas no por ello debemos sacarlas de su contexto y realizar una crítica anacrónica.
[12] Sierra, "Diario de nuestro viaje", p. 56.
[13] Sierra, Los indios de Yucatán, 1994, tomo I pp. 185-187.
[14] Sierra, Los indios de Yucatán, 1994, tomo I, pp. 218-228.
[15] Sierra, Los indios de Yucatán, 1994, tomo I, pp. 407-410.
[16] Sierra, Los indios de Yucatán, 1994, tomo II, p. 273.
[17] Sierra, Los indios de Yucatán, 1994, tomo II, p. 93.
[18] Sierra, Los indios de Yucatán, 1994, tomo I, pp. 197-199.
[19] Citado en Revisión del proyecto de código civil, tomo I, p. 43.
[20] Sierra, Los indios de Yucatán, pp. 140-141.
[21] Sierra y Pérez, Mérida, 15 de Junio de 1879.
[22] Sierra y Pérez, Mérida, 15 de Junio de 1879.


Nota del Blog: Las imagenes del Registro Yucateco no apareció en la publicación original. De las imágenes incluidas en el original solo se incluyó la de Justo Sierra O´Reilly. Que conste.