viernes, 7 de octubre de 2011

En el país laico tenemos a: "nuestro Presidente católico"

II

Las transformaciones en la relaciones Iglesia-Estado han sido bastante evidentes, pudiéndose considerar como uno de los aspectos en el ambiente nacional que a últimas fechas ha acaparado la atención de los medios de información y la academia. Desde las primeras décadas del siglo XX, en las que se demarcaron claramente las atribuciones de la Iglesia con respecto al Estado, al día de hoy se notan grandes diferencias. En Yucatán fueron Salvador Alvarado y posteriormente Felipe Carrillo Puerto, quienes marcaron la supeditación de las instituciones eclesiásticas al Estado, es decir circunscribirlas a los templos, pero sobre todo minimizar su voz.

Unas cuantas décadas después de aquellos álgidos años, nos encontramos con una nueva reorganización de las formas y medios por los cuales las diferentes religiones expresan sus opiniones sobre asuntos de la vida nacional. La comunicación es la línea que marca la cercanía o lejanía de los individuos y las instituciones, es tal la importancia de la comunicación, la difusión y la opinión que son consideradas como libertades primordiales del ser ciudadano, el derecho libertad de expresión, este precepto ha sido detonante de una mayor participación de la iglesia en los asuntos de índole nacional, específicamente política.

En fechas recientes los deseos de comunicar las opiniones por parte de los curas y demás miembros de organizaciones eclesiásticas va en aumento, siendo la Iglesia Católica Romana la poseedora de mayores posibilidades de difusión medio de programas radiofónicos, programas televisivos, prensa, entrevistas y demás medios, dando como resultado que su participación en eventos de índole económica y política sea mucho más abierta; por su parte las Iglesias no Católicas ven reducidos los espacios en los medios de comunicación, siendo los Pentecostales y Presbiterianos los que de estas Iglesias tienen acceso con mayor frecuencia a los medios masivos de difusión, pero siempre manejando un perfil bajo en cuanto a las relaciones con órganos e instituciones estatales –lo cual no quiere decir que no mantengan relaciones con el Estado, pero sí de manera diferente a la Iglesia Católica-.

Ante su incursión en los medios la Iglesia ha ido asumiendo una actitud defensiva con el paso de los años, considerándose ella misma como victima de intentos de limitar su libertad de expresión, tomemos como ejemplo de lo anterior a Alberto Suarez Inda, arzobispo de Morelia, que en el 2009 durante una entrevista declaraba que “la iglesia nunca será amordazada”¨[1], dando a entender la existencia de intentos de silenciar a la iglesia para que “la verdad”, en palabras del mismo Suarez, no salga a la luz. Las opiniones que la iglesia expone tiene, en muchas ocasiones, intereses de índole comercial, política y empresarial, intentando tener una presencia y participación directa en asuntos político-económicos.

El 14 de enero del año 2009, se celebró en México el VI Encuentro Mundial de las Familias, marco ideal para violentar el estado laico mexicano. A la inauguración del evento, de profundo carácter religioso, asistió Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de la República, quien fue presentado como “Nuestro Presidente católico”, a lo que recíprocamente Calderón Hinojosa respondió: “Sean ustedes bienvenidos a esta tierra de María de Guadalupe y de San Juan Diego y también de los mártires de la persecución”[2]. Más clara no puede ser la deliberada violación a los preceptos constitucionales más básicos. Si bien no se prohíbe la existencia de la fe en los gobernantes, si se pide se mantenga en al ámbito de lo privado, procurando mostrar una imagen de imparcialidad ante la ciudadanía, con lo cual se intuiría un trato igual sin importar el credo profesado. El caso de Calderón es sintomático de los proyectos realizados por la Iglesia, principiando en el plano educativo, con los cuales buscan detonar una rápida recuperación de espacios perdidos. En la actividad ya mencionada Felipe Calderón señaló que su formación académica fue dentro de instituciones Maristas y para no desentonar dio que Las hermanas de la Asunción “son ahora quienes educan a mis hijos”[3]. Como se puede notar, estos espacios de sociabilidad –recordemos que la escuela forma parte de la segunda sociabilidad- privados religiosos se encuentran presentes en la vida de los dirigentes de la vida nacional, siendo el problema que no los circunscriben al ámbito de lo privado.



En el 2006 en una actividad de campaña proselitista con albañiles, en mira a las elecciones presidenciales, la guadalupana se hizo presente mediante tarjetas, que el candidato Calderón a la presidencia de la república, regaló e incluso firmo a los presentes[4]. La imagen religiosa como medio de atracción política no es nueva, pero ello no implica que deba ser aceptado, resultando lamentable el poco empeño de las autoridades para frenar estos atentados al laicismo que de una u otra manera fomentan la intolerancia religiosa en el país. A fechas recientes, precisamente en el mes de abril del 2011, el procurador Miguel Ángel Mancera después de presentarse ante la cámara de diputados del D.F. recibió como obsequio una figura de san Judas Tadeo, que le entregó Christian Vargas diputado local[5], que con ese acto demostró el poco conocimiento que tiene de las disposiciones constitucionales con respecto a los símbolos religiosos en recintos de gobierno.



Tal parece que al día de hoy lo más importante fuera violar la constitución mexicana. Casos como los anteriores se repiten constantemente… y pocos dicen algo.


Referencias

[1] El Universal, 13 de mayo 2009.
[2] La Jornada, 15 de enero de 2009.
[3] La Jornada, 15 de enero de 2009.
[4] En Reforma, 4 de mayo de 2006.
[5] El Universal, 14 de abril 2011.

Imágenes:

Felipe Calderon firmando estampas de la guadalupana: Proceso, n. 1540, 7 de mayo de 2006, p. 25.

Mancera y san Judas Tadeo. Foto: Juan Boites publicada en El Universal

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