lunes, 15 de abril de 2013

Un facsimilar en D. Bullebulle

Joed Amílcar Peña Alcocer, Por Esto!, 21 de marzo de 2013.

Al POR ESTO!
XXII años de continuar con la bicentenaria historia de la prensa en nuestro estado

Yucatán iniciaba el año de 1847 con un espíritu que bullía por la fe en el progreso, los campos agrícolas del oriente se habían hecho de la reputación de ser “el granero del estado”, la economía de las poblaciones que los albergaban era boyante, así lo demuestran los edificios vallisoletanos, yaxcacabenses(1) y sotuteños.

La prensa daba cause a reportajes sobre los progresos en agricultura, las páginas literarias abundaban y se veía un horizonte luminoso. En el mes de julio de 1847 el horizonte fue iluminado a ojos criollos por “la tea incendiaria del indígena sublevado”, para los mayas era luz de libertad.

En el contexto anterior surge una de las publicaciones más famosas del siglo XIX en Yucatán, el periódico satírico D. Bullebulle. Fabián Carrillo, José Antonio Cisneros, José García Morales, Miguel Barbachano y Gabriel Gahona “Picheta” estaban tras las páginas del periódico, a ellos les tocó ver los cambios que la Guerra de Castas trajo.

La vida de la publicación no fue larga, pero en su corta existencia no desaprovechó tocar el tema de la Guerra de Castas en artículos e imágenes. En uno de los últimos artículos, titulado “El testamento del año 1847”, relata la muerte de D. Bullebulle y el incendio de su testamento a los incrédulos ojos de los testigos; inmediatamente al artículo sigue una leyenda que a la letra dice “he aquí sacado de un documento auténtico el facsímile de la firma de uno de los principales caudillos de los indios sublevados” y se inserta un maltrecho trazo que dice “Jacinto Pat”.


Facsimilar de la firma de Jacinto Pat, en D. Bullebulle


La Guerra de Castas tomó de sorpresa a la población, muchos periódicos dieron cuenta de las cartas entre sublevados y miembros del gobierno; pero fue D. Bullebulle el que ofreció una firma de Jacinto Pat.

La revisión de la documentación epistolar de Jacinto Pat nos revela una letra clara y entendible, todo lo contrario al “facsimilar” que el grupo de bulliciosos dio a conocer a sus lectores. Considerando la destreza de Gabriel Gahona no podemos dudar que se pudo haber conseguido una mejor reproducción. La firma de Jacinto Pat publicada en D. Bullebulle tiene correspondencia con características de la firma original, evidencia que los responsables de la publicación conocían la correspondencia y, ya sea por haber hecho una mala copia o por la premura de publicar, no obtuvieron un facsímil en forma.

Habría sorprendido publicar una firma de trazo nada vacilante proveniente de un indígena “bárbaro y sublevado”. ¿Podría ser que la reproducción fuera mal realizada apropósito? A mediar el siglo XIX eran muy pocos los indígenas que sabían leer y escribir, se pensaba en el indígena como iletrado. La buena letra producto de la enseñanza formal era asequible generalmente a criollos y mestizos, ellos eran depositarios de la civilización, por lo tanto un indígena de buena letra evidentemente educado no podía ser guía de aquellos que iban en contra de la cultura, la política y la sociedad de Yucatán.


Firma de Jacinto Pat, carta a Miguel Barbachano



En un artículo publicado en el mismo periódico, “Nini va por la lana y vuelve trasquilado”, el personaje sale “disfrazado” de maya en plena Guerra de Castas y, por ello, es objeto de linchamiento por los habitantes del poblado al que llegó. Logra ser rescatado por un sacerdote que lo insta a hablar en latín para que la muchedumbre se diera cuenta que no es un indígena, los mayas no hablan latín.

Podríamos decir que el facsimilar publicado en D. Bullebulle es una muestra más del pensamiento que las élites tenían sobre los indígenas, pero no podemos más que considerarlo una posibilidad. Seguramente la publicación de la firma de Jacinto Pat fue comentada e hizo que la población conociera la letra del sublevado, reafirmando a la prensa como el medio por excelencia de transmisión de noticias.

Esta y otras publicaciones con sus detalles y particularidades han hecho más amena la vida de los yucatecos. La prensa en Yucatán tiene ya 200 años, es una historia con destellos y sombras que al día de hoy parece no terminará pronto, en ello nos alegramos.

(1) En el original Yaxcabences, cambio realizado por el periódico.

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