lunes, 20 de mayo de 2013

Huay Kot de Yaxcabá


La historia de los ranchos, villas y pueblos de México tiene fronteras difusas con la memoria y el mito. Los procesos de fundación de nuestras comunidades son punto de encuentro entre la historia certera y la invención de tradiciones, se trata de un camino que lleva, muchas veces de forma inesperada, a la conformación o apropiación de identidades comunitarias.

No son únicamente las historias de fundación aquellas que unen historia e invención de la memoria, los personajes notables de las comunidades tienen parte en este proceso. Algunas veces los hechos históricos de los personajes son superados por los que la tradición y la memoria han creado, así se olvidan la mayoría de sus actividades, que son rápidamente suplidas por el mito y la leyenda. Tal es el caso de Claudio Padilla, polémico político y próspero comerciante de Yaxcabá, mejor conocido como el brujo águila, el Huay Koy. Aquí una historia que la abuelita contó un día al inquieto nieto:

Nunca salgas a altas horas de la noche, mucho menos se te ocurra ir por el rumbo del cenote, cosas terribles de pueden pasar, más a ti que eres aún un niño muy pequeño. Supe que ayer en la mañana fuiste por esos rumbos, lo bueno es que estás bien, no te pasó nada, pero escucha ésta historia que es para que sepas quien habita el lugar al que te acercaste.

Hace muchos años en la casona que está frente al cenote, aquella que ahora está pintada de amarillo y con un gran zaguán, era lugar de reposo para los viajeros que se aventuraban al oriente de Yucatán, tenía gran cantidad de servicios, agua corriente, pan caliente para las comidas y una gran variedad de especias. Era la tienda mejor surtida de la región, ni los de Sotuta tenían tal cosa. La casona era propiedad de Claudio Padilla, quien se daba el lujo de criar venados y palomas en los patios traseros del lugar, ¿te imaginas qué bonito fueron sus jardines en aquel tiempo? Solo de imaginarlo uno sonríe.

Don Claudio fue el primer alcalde de Yaxcabá, esto que te cuento fue en las primeras décadas de 1800, él fue uno de los que mandó construir el Palacio Municipal, en aquella época lo llamaban Audiencia, aún queda la placa conmemorativa de ese hecho, cuando tu papá te lleve a la presidencia a ver a tu tío Armando pídele te la muestre.

Pero, ¿qué crees?, parece ser que Claudio Padilla no resultó ser un buen alcalde, incluso se interpuso una denuncia en su contra por abuso de autoridad, pero el señor no dejó de participar en la política, unos años después de haber dejado la alcaldía de Yaxcabá solicitó cargos políticos en Sotuta, no sé si logró tener algún puesto en la administración de ese pueblo.

La gente le temía a Claudio Padilla, no únicamente por su poder político. Muchos dicen que tenía poderes que solo se consiguen de mala manera, que poseía la habilidad de cambiar de forma y controlar a los animales que mantenía en los patios traseros de su casa.

Las sospechas aumentaron cuando una señora fue un día a comprar pimienta verde, los anaqueles de la tienta estaban vacíos, pero don Claudio le prometió a su cliente que al día siguiente podría pasar por la pimienta, se encargaría de conseguirla. Dicho y hecho. Un día después, al clarear la mañana, los anaqueles de la tienda estaban rebosantes de decenas de nuevos productos, incluida la pimienta verde.

Una persona del pueblo dijo que durante la madrugada, al salir rumbo a la milpa, vio cómo descendía sobre la casa de Claudio Padilla una enorme y amenazante ave, seguida de miles de palomas que en conjunto traían cajas y cajas. ¡Deja de temblar chamaco!, que no he terminado la historia, ¿quién crees que era el brujo? Claudio Padilla.

Recuerdo que Manuela Peña dedica a su abuelo Claudio Padilla.

Desde ese día le apodaron Huay Koy, que quiere decir brujo águila. La casa a la que entraste ayer es donde vivía, algunos dicen que su espíritu aún está ahí. Fue tanto el temor que le llegaron a tener que muchos buscaban matar a los hijos y nietos de Claudio Padilla, tu abuelo Ben vio morir a uno de los últimos descendientes del temido Huay Koy de Yaxcabá.

¿Cómo dices?, ¿si aún hay familia de Claudio Padilla en el pueblo? Aún la hay, no todos lo saben porque los matrimonios cambian los apellidos de las familias. Ve a la iglesia del pueblo, en la pared derecha verás la lápida de uno de los últimos hijos de Claudio Padilla, mira la dedicatoria que la lápida fúnebre tiene, después de leerla quiero que te cuides mucho más, no vaya a ser que resultes ser un chan brujo. Te lo repito, no salgas solo durante la noche, otro día te contaré más historias del famoso brujo de nuestro pueblo.

Joed Amílcar Peña Alcocer en Por Esto!, 26 de abril de 2013.

sábado, 4 de mayo de 2013

Memoria y monumentos




La memoria selecciona, conforma la identidad, olvido precedido de reflexión; pero olvidar sin reflexionar es desmemoria. La historia de los pueblos del interior del estado, cuando no son lo más grandes o poblados, se diluye con el paso del tiempo y aún aquellos grandes pueblos pueden, por las acciones humanas, perder vestigios de la historia sobre su progreso material, pérdida que muchas veces no puede ser reparada.
 
Los siglos pasados han dejado elementos memorísticos en edificaciones, placas y lugares, espacios donde la simple presencia del individuo o la observación del entorno lo remiten a experiencias personales o episodios de la historia comunal que perviven por la oralidad y tienen eco en los monumentos. Caminar por las calles céntricas de la mayoría de los poblados de Yucatán implica encontrarnos con placas conmemorativas a la jura de la Constitución de Cádiz, piedras con elementos prehispánicos incrustadas en las paredes de las casas y amplias construcciones donde los principales de la población vivieron en siglos pasados.

Muchas ocasiones basamos nuestra idea de monumento histórico en la antigüedad o la estética agradable, pocas veces es la memoria uno de los criterios. Si en base a la selección de recuerdos se construye la identidad y mediante la reflexión generan su historia los pueblos la memoria también nos ayuda a encontrar monumentos históricos, aunque no siempre corresponden a la antigüedad o estética deseada por las instituciones.

El desigual desarrollo material de los pueblos de Yucatán genera grandes expectativas sobre la pronta introducción del servicio de agua potable, de electricidad o pavimentación de las calles, cuando se logra no falta la inauguración y, la mayoría de las ocasiones, una placa conmemorativa. Los monumentos de muchos poblados surgieron de este modo. La primera toma de agua que facilitó los servicios de irrigación y consumo de agua potable, la primera calle con pavimento que agilizó el transporte de las cargas de la milpa o la primera instalación eléctrica, al caer en desuso evocaban recuerdos, fragmentos de la historia y pasaban a ser de manera discreta un monumento.


Posiblemente la falta de perspectiva sobre lo que es o cómo debe ser un monumento ha dado como resultado la demolición de muchos de ellos, dejando en el olvido episodios del progreso material de muchos de nuestros pueblos, siento que la mayoría no cuenta con una monografía. Las denuncias de demolición del patrimonio edificado tienen que ver con edificios del siglo XIX, pasando desapercibida la desaparición de otras edificaciones más recientes pero que tienen tanto o mayor peso memorístico.

En el año 2007 el POR ESTO! me dio la oportunidad de dar testimonio de la demolición de arcos mixtilíneos en una céntrica casa de Yaxcabá, pérdida irreparable; pocos años después la estructura del palacio municipal, que data de principios del siglo XIX, fue modificada al agregarle una torre de reloj que poco hace por la comunidad. Tristemente el cuidado del patrimonio edificado no ha sido prioridad en los últimos años.

En las últimas semanas, por acción del H. Ayuntamiento de Yaxcabá, fue demolida la primera toma de agua potable de la población, las reacciones no se hicieron esperar. La referida toma de agua no poseía elementos estéticos finos, sólo tenía una placa y la que fuera la primera llave de agua que dio beneficios a las familias de la población. Databa de los primeros años de la década de 1970. No era un monumento por sus atributos físicos o por su antigüedad, lo era por ser depósito de la memoria de muchos pobladores que en los días de su inauguración eran niños o adultos jóvenes.

La desmemoria se causa por acciones poco meditadas como la anterior y que dan cause a críticas aceptables pero también a la denostación sin sentido. Esperemos que las autoridades municipales de Yaxcabá tengan mejores criterios de preservación de elementos históricos del municipio. Al PAN se le ha acusado, desde las más altas esferas de la cultura nacional, de no preocuparse por la preservación de la cultura e historia de México, esperemos que no sea ese el caso de las autoridades de Yaxcabá. Aún están a tiempo de tomar acciones más meditadas o librarse de los malos consejeros.

Mientras tanto la comunidad tiene un lugar menos donde rememorar la historia.

Publicado en Por Esto!, 11 de abril de 2013.

viernes, 3 de mayo de 2013

Chacmool: convergencia de voces


I

La hermandad es uno de los más altos valores del carácter humano, es el vértice de la concordia, la comunicación y la comunión. No todos han podido acceder a ella, muchos han sucumbido ante el peso del omnímodo mundo capitalista aproximándose a un egoísmo individualista que nos desposee de nuestra sustancia.

En nuestra situación actual todo esfuerzo por buscar la unidad de los pueblos y el mutuo entendimiento es ya una noble misión, erigiéndose como posibilidad de reencuentro y crítica a la separación. Los pueblos americanos en el desarrollo de su historia han visto flageladas sus relaciones, muchos son los motivos y diversos los efectos, pero ha llegado el tiempo en el que se procure una reunión de pensamiento. América es una.

José Martí en Nuestra América vislumbró las posibilidades, dio los elementos y señaló claramente que “ cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña”. Los de corazón fatuo, a pesar de su pulcra escritura y deleite de sus palabras no buscan la hermandad, no ven en su patria provecho. De ellos Martí escribió: “¡estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿El que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel?”.

El Apóstol cubano nos llama a hacer de América una, de buscar el filamento de nuestra identificación comunal, de hacer de nuestras voces y acciones una defensa de nuestra tierra, de no buscar fuera lo que en abundancia poseemos. Otro eminente cubano, Ildefonso de Estrada y Zenéa, en una reflexión posterior a su dilatada labor educativa señaló que los escritores cuando no son llamados a poner el pecho frente a la bala enemiga deben ayudar a preparar las revoluciones. Es tarea de los intelectuales y académicos latinoamericanos acometer la tarea de buscar los ideales plasmados por José Martí, en la búsqueda de la unidad y la hermandad.

En el mes de marzo de 1877 José Martí se encontraba en Mérida, su estadía coincidió con la celebración de la llegada a Mérida de la efigie recién descubierta del Chac Mool. El más grande de los cubanos al ver la figura no dudó en imaginar su origen, en esbozar en su mente lo que la piedra labrada por los mayas significaba para la cultura e historia latinoamericana. En el Chac Mool se vio, en él vio a América.

La ágil pluma realizó los trazos de un dibujo del monumento maya, donde el rostro del propio Apóstol se unía al cuerpo dibujado. El acto de Martí no corresponde únicamente a una imaginación de prodigio, es la búsqueda de la hermandad, de la confluencia de la historia, las personas, las ideas y las acciones. Los hijos de América deben responder a ese llamado, las plumas americanas deben cumplir con ello.



II

El año 2013 significa también el aniversario de uno de los proyectos más importantes en el campo de las letras, en el que sus fundadores y colaboradores han retomado la figura del Chacmool visto por Martí para llevar a buen fin la noble tarea de encontrar los nexos históricos, sociales y culturales entre el pueblo mexicano y cubano. Chacmool: cuadernos de trabajo cubano-mexicanos cumple diez años de haber iniciado la travesía de fortalecer la unión entre México y Cuba. Fue durante la “I Conferencia por el Equilibrio del Mundo” del año 2003 cuando su publicación fue pensada, a partir de ese momento una pléyade de intelectuales y académicos de ambos países se congregó alrededor de ella.

La coordinación de la revista tiene en Carlos E. Bojórquez Urzaiz y Sergio Guerra Vilaboy dos destacados estudiosos de la historia, el primero ha sido distinguido en Yucatán con las medallas Eligio Ancona y Yucatán por su destacada labor académica, el segundo es destacado historiador cubano distinguido por Casa de las Américas por su ensayo “Jugar con fuego: guerra social y utopías en la independencia de América Latina”.

La seriedad de los textos es indiscutible, la revisión acuciosa de las colaboraciones han dado como resultado que la publicación ofrezca material de primer orden. No se puede esperar menos al ver quiénes conforman los comités, algunos de ellos son: Miguel Barnet Lanza (Cuba), Manuel Uc Sánchez (México), Adolfo Gilly (México), Eusebio Leal Spengler (Cuba), Eugenia Meyer (México), Nidya Sarabia (Cuba), Cintio Vitier (Cuba) (+), Leopoldo Zea (México) (+), José Juan Cervera Fernández (México), Bernardo García Díaz (México), Salvador Morales Pérez (Cuba) (t), Francisco Pérez Guzmán (Cuba) (t), Eric Villanueva Mukul (México) y Oscar Zanetti Lecuona (Cuba).

Entre quienes se han dado a la tarea de indagar sobre la historia compartida de Cuba y México podemos mencionar, por la Isla, a: Pedro Pablo Rodríguez, Armando Hart, Eloísa Carreras, Enrique Sosa Rodríguez, Eusebio Leal Spengler, Oscar Zanetti, Salvador Morales Pérez. En tanto que de México se han encargado de rememorar y avivar las históricas relaciones: Miguel León-Portilla, Adolfo Gilly, Cristóbal León Campos, Emiliano Canto Mayén, Rodrigo Ordóñez Sosa, Tomás Ramos Rodríguez, Jorge Castillo Canché, Faulo Sánchez Novelo y quien escribe.

El pasado 30 de enero, teniendo como marco la “III Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo”, fue presentado el número VII de Chacmool. Congrega en sus páginas voces de una misma historia, episodios compartidos en los que se debe abundar mucho más, de tal modo que con base a recocernos como poseedores de una historia en común sepamos estrechar las manos en un franco saludo de igualdad.
Hace unos años en el barrio del Venado, en La Habana, se colocó una escultura de la antigua efigie maya con el rostro de Martí, rememorando el dibujo hecho hace más de cien años. Ahora esperemos que en la conciencia histórica de cubanos y mexicanos se coloquen las letras de los diversos textos de este nuevo Chacmool, acrecentando nuestra reflexión al pensar en las visiones de América que José Martí tuvo al contemplar en Mérida la escultura maya. Prosigamos por el camino de buscar, hacer, defender a Nuestra América.

Publicado en Por Esto!, 31 de enero de 2013.